sábado, 23 de julio de 2011
Publicado por 26115 @ 10:54
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"Un gran número", dice Villermé, "cinco mil sobre diecisiete mil, fueron obligados, por la carestía de los alquileres, a alojarse en los pueblos vecinos.

Algunos habitaban a dos leguas y cuarto de la manufactura donde trabajaban.

En Mulhouse, en Dornach, el trabajo comenzaba a las cinco de la mañana y terminaba a las cinco de la tarde, tanto en verano como en invierno. [...] Hay que verlos llegar cada mañana a la ciudad y partir cada tarde.  

Hay entre ellos una multitud de mujeres pálidas, flacas, caminando descalzas en medio del barro y que, a falta de paraguas, se protegen la cara y el cuello con sus delantales y sus enaguas, volcados sobre la cabeza, tanto si llueve como si nieva; y un número más considerable aún de pequeños niños no menos sucios, no menos pálidos, cubiertos de harapos, todos engrasados de aceite de los telares que cae sobre ellos mientras trabajan.  

Estos últimos, mejor protegidos de la lluvia por la impermeabilidad de sus vestimentas, no tienen en el brazo, como las mujeres de las que se acaba de hablar, una cesta con las provisiones de la jornada; pero llevan en la mano, o cubren bajo su chaleco o como pueden, el pedazo de pan que debe alimentarlos hasta la hora de su vuelta a casa.

De esta manera, a la fatiga de una jornada desmesuradamente larga -ya que es de por lo menos quince horas-, se suma para estos infelices la fatiga de las idas y venidas tan frecuentes, tan penosas.

 El resultado es que a la noche llegan a sus casas abrumados por la necesidad de dormir, y que a la mañana salen antes de estar completamente descansados, para encontrarse en el taller a la hora de su apertura".



Tags: HAMBRE, INJUSTICIA, POBREZA

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