
La recesión capitalista sigue profundizándose como habíamos previsto, en contra de las previsiones oficiales que insisten una vez y otra, con unos flojos argumentos de que estamos ya en una fase de recuperación económica.
La economía mundial, en vez de recuperarse va de mal en peor, afectando esta vez de plano a la primera potencia mundial que es EEUU.
Hemos entrado en una época de capitalismo salvaje y pronto empezarán las guerras comerciales por los raquíticos mercados porque la virulencia de la actual recesión hunde sus raíces en el auge anterior que fue en realidad una escandalosa orgía especulativa, para unos pocos y una ruina total para la inmensa mayoría de la población del planeta, de la que ahora el sistema sufre una dolorosa resaca.
El crecimiento del comercio mundial junto con una intensa explotación de la clase obrera, con aumentos de jornadas de trabajo y ritmos endiablados, la precarización y la caída de los salarios reales y otros mecanismos de recortes, han abaratado los costes de producción consiguiendo que las ganancias obtenidas por la burguesía fuesen fabulosas. Pero a su vez, reducen la demanda global, lastrando fuertemente la recuperación.
La rapiña de las privatizaciones, junto con el atraco del “euro”, han sido robos a mano armada del capitalista, contra los pueblos, utilizando el dominio que ejercen sobre el Estado, que es una falsía cuando dicen somos todos, sino que lo es, bajo esta pantomima de “democracia burguesa” para robar a los pobres y entregárselo a los ricos. Los créditos masivos crearon las condiciones para los abultados endeudamientos de las familias, las empresas y los propios Estados, habiendo sido todos esclavizados por el FMI y la Banca Mundial, dominados por las multinacionales imperialistas del sector financiero, que ejercen su dictadura desde fuera de lo que ellos llaman “democracia” y no lo es.
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